sábado, 1 de septiembre de 2007

La tristeza, logra unificar más a los seres humanos que la alegría...

Adiós, al árbol de mi casa, que en vano intento extiende sus ramas en busca de vida.
Adios, juegos de mis amores...

Adiós a la conversa entre jardines, de tantas generaciones...

La razón jamás dará la bienvenida a la muerte,

Y el corazón no entiende de despedidas,

Adiós, amada tierra mía

Adiós caminos polvorientos,

que se hicieron huella con tantos pasos infantiles.


¿Gestión ambiental?

¿Respeto hacia nuestras raíces, hacia nuestro entorno?

Palabras, son solo palabras, como dice una canción por ahí…

Habrá miles de justificaciones y razones para tal medida

Lamentablemente generada por el hombre,

O más bien dicho o mejor dicho por entes necios,

Que nada saben, o nada pierden en esta historia,

Porque son pocos los arraigados a tierras como esta,

Quien sin embargo acogió tantos corazones ajenos a esta zona,

Que llegaron llenos de esperanza “por un tiempo corto”.

Donde la vida se hace dura, donde es necesario redoblar esfuerzos,

Para enfrentar esta tierra de temperamento fuerte, pero generosa,

Que cuando decide envolverte en su dulzura escondida,

Ya jamás podrás olvidarte de ella.

Adiós Chuquicamata, adiós, pero hasta siempre…

“Como un juego naipes, se desmoronan las esperanzas

Los recuerdos desfilan en este presente tan trágico,

El dolor y la soledad se unen en este encuentro irreversible,

Los árboles han bajado sus cabezas ante tan inminente muerte,

Y el viento susurra con aliento gélido sus lamentos de despedida”.